Paradojas de la mente

Paradojas de la mente

Conversación con un paciente esta mañana:

Terapeuta: “Qué siente ese niño con el que conectas?

Paciente: “Miedo a lo desconocido”

T: “¿Qué le dirías a ese niño?”

P: “No sé”

T: “Si sabes…”

P: “No se”

T: “¿Y si supieras qué le dirías?”

P: “Que no tenga miedo”

T: “¿Por?

P: “Que no tenga miedo porque no sabemos lo que hay en lo desconocido”

T: “¿Y en tu experiencia que suele haber en lo desconocido, más cosas buenas o malas?”

P: “Lo que hay suele ser bueno”

T: “Y cuando te has encontrado algo malo ¿Qué ha pasado?”

P: “Lo malo lo he afrontado bien habitualmente”

T: “Entiendo, suele haber cosas buenas y cuando raramente hay cosas malas habitualmente las has afrontado bien pero ¿Y cuando lo malo no lo has podido afrontar que ha ocurrido en tu vida?”

P: “Nada importante”

T: “Bueno, pues es muy interesante que tu vida esté manejada por un miedo a algo que suele ser bueno, que en las raras ocasiones que es malo lo has afrontado habitualmente bien y cuando no has podido afrontarlo no ha pasado nada importante”.

 

El mayor problema para algunas personas es el miedo a aquello que no está ocurriendo pero que tiene la posibilidad de ocurrir. Porque cuando ocurre y es un problema real entonces el miedo se transforma en acción para resolverlo. Pero claro, una vez que lo real está resuelto, ahí viene de nuevo el miedo a lo que podría ser o dejar de ser y con él la parálisis y el boicot a la libertad y bienestar derivados de ese miedo. Y es que contra los fantasmas de la posibilidad no se puede luchar, sabemos que no existen pero siguen siendo el centro de nuestra vida mandándole un mensaje permanente al cuerpo de que estamos en peligro. Éste, que funciona a la perfección, reacciona ante el peligro con tensión y esa tensión es evaluada como malestar que la mente imagina que es algún mal dentro del infinito mundo de las posibilidades. Esa evaluación vuelve a mandar una señal de peligro y el pobre cuerpo sigue haciendo su trabajo generando la tensión que permita afrontar el peligro de la que el paciente se asusta.

Hay una diferencia entre posibilidad y probabilidad.

Se puede luchar contra lo que es real pero no contra lo imaginado.

La mente se afana por justificar el miedo que una vez quizá fue real en vez de ayudarnos a entender que ahora no lo es y estamos seguros.

El otro día a otra paciente le escribía tres mantras que hay que recordarle a la mente:

Vivo tiempos de paz

Mi amor es más fuerte que mi miedo

Soy libre para crear lo que deseo

Tenemos la suerte de vivir en un momento de la historia y en un lugar en el que tenemos paz, seguridad y los peligros reales son ciertamente infrecuentes.

En el fondo de nosotros reside una fuente de amor inagotable y poderosa que podría inundar nuestra vida, ese amor no depende de los demás, es innato a nosotros, si amamos mucho a alguien es porque disponemos de esa fuente de amor que no termina si la persona a la que amamos se va.

El mayor regalo del que dispone el ser humano es la libertad y la capacidad para crear la vida que desea, tienes derecho a crear lo que deseas, a recibirlo y a gozar con ello, cualquier otra creencia es simplemente mentira.

 



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