Los milagros ocurren de dentro a fuera y de abajo a arriba

Los milagros ocurren de dentro a fuera y de abajo a arriba

Hace años una compañera a la que admiro compartió esta impactante idea de David-Ben-Gurión: “Ábrete al milagro. El que no cree en los milagros no es realista”. Hoy en mi trabajo esta frase ha aparecido de nuevo para recordarnos que nunca nos rindamos, que no dejemos que gobiernen nuestros miedos, que soñemos a lo grande y facilitemos la materialización de nuestros sueños. 

Esperamos los milagros pidiendo mirando al cielo, si somos realistas nos daremos cuenta que los milagros ocurren de dentro a fuera y de abajo arriba. 

La persona que mira hacia dentro y está bien enraizada consigue que los milagros lleguen a su vida. La persona que espera que algo de fuera le rescate está muy perdida y los milagros se alejan de su vida. 

Cuando ponemos la energía en algo externo a nosotros renunciamos a nuestro potencial creativo. Cuando esperamos pasivos a que algo nos rescate sin poner nosotros ninguna intención ni energía estamos en una vibración de carencia, muy lejana a a la vibración que se pone en sincronía con los milagros. Puede parecer pensamiento mágico pero estamos hartos de verlo en la consulta, estamos hartos de escuchar experimentos científicos en la física cuántica que lo corroboran. 

Cuando ponemos la intención en el milagro que deseamos que ocurra y conectamos con nuestra fuerza interna para poner el mecanismo en movimiento aumentamos la probabilidad de que lo que deseamos ocurra. Cuanto más dependa de nosotros y más acciones eficaces emprendamos más alta la probabilidad, cuanto más dependa del afuera y menos hagamos menos probabilidades. 

Enraizarse a la tierra significa encontrar una base para desde ahí construir la pirámide en cuya cúspide están nuestros sueños. Si no tenemos base nos sentiremos en un gran desequilibrio cuanto más arriba nos hallemos y entonces nuestra mente, gobernada por el miedo, creará mil y un boicots internos para que bajemos y recuperemos una frágil seguridad. 

Por eso estoy convencido de que los milagros empiezan desde la fuerza que todos poseemos dentro y desde un buen enraízamiento a la tierra que nos de seguridad y sustento. Desde esas dos premisas desaparecen los límites y la vida se abre a que materialicemos nuestros sueños coherentes.  Porque todo aquello que no sea coherente será un deseo del ego y ya sabemos que al ego no le gusta subir muy alto sino mantenerse en la comodidad de las cosas conocidas, aunque estas sean tan infelices que nos hagan mirar al cielo en busca de milagros en los que, en realidad, no confiamos.

Siéntate con la espalda recta y los pies bien finos en el suelo, enraízate, conecta con tu corazón y déjate guiar a lo que deseas. Una vez la intención esté clara levántate y pregúntate ¿Cuál es el primer paso que puedo dar hacia ello? Y hazlo. Luego pregúntate, ¿Cuál es el siguiente paso? Y hazlo. Y mientras vas dando tus pasos confía en que algo superior entra en conexión contigo y facilita el resto. Cuando suceda, ¡agradece y disfruta!

Antonio de Dios González



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