Federica y los abrazos

Federica y los abrazos

Llegaba a urgencias una madre con su hija que se había caído en el parque y se había hecho una herida “muy fea”. Cuando la enfermera vio la herida en el antebrazo de la pequeña se encamino rápidamente a coger un par de gasas, un poco de suero fisiológico, betadine y con todo el cuidado se dispuso a limpiarla. Pero en el instante en el que, tras echar un poco de suero, la enfermera tocó con la gasa la herida, la niña dio un grito “¡ayyyy, duele!”. La madre, indignada, le dijo a la enfermera que no le hiciese daño a su hija, a lo que la enfermera contesto que lo sentía mucho pero que para curar la herida de su hija necesitaba primero limpiar la herida.

La madre, ante aquel atropello y muestra de insensibilidad, se llevó a la niña de aquel sádico hospital y se dirigió a su casa. Al fin y al cabo ella sabía como tratar a su hija sin hacerle daño, así que con todo el amor de su corazón cogió una venda y tratando de rozarle lo más mínimo la herida se la colocó encima para proteger la herida del exterior. ¿Te ha dolido? preguntó la madre, a lo que la niña, todavía con cierto miedo en sus ojos, respondió “no mami, no me ha dolido nada”. Y su madre, muy satisfecha por no haberle hecho ningún daño su hija se preguntó como podrían haberle dado el título a aquella enfermera bruta e insolente que le había provocado aquel daño a su hija empeñándose en limpiar su herida.

(veinte años después)

Federica era una mujer muy especial, era muy guapa y, sin duda, muy deseada, pero nunca se había sabido que hubiese tenido ninguna relación de verdad. En su barrio la llamaban “la mujer intocable”, aunque lo correcto habría sido llamarla “la mujer intocable desde la derecha” ya que cuando alguien se aproximaba a ella desde la izquierda siempre le recibía con una enorme sonrisa y se mostraba abierta, amable y extrovertida. Pero cuando el abordaje era hecho desde la derecha Federica se transformaba, se convertía en una persona huraña, a la defensiva, capaz de acelerar el paso y no solo no saludar sino ni tan siquiera mirar a la persona que a ella se dirigía.

Al principio la mayoría de la gente la había rechazado y dado la espalda, pero algunos, supongo que a base de acceder a ella desde la izquierda, habían podido llegar a conocer el amor y la luz que desprendía cuando se la conocía un poco más profundo y el cariño que sentían por ella era mayor que sus ocasionales desplantes y sus desprecios.

Había días en los que Federica se levantaba con un gran dolor y un gran pesar, no sabía lo que le pasaba ni de donde provenía tanto malestar y en ese tipo de días se le quitaban hasta las ganas de vivir. Más de una vez, al verla tan apesadumbrada, sus amigas y amigos le habían ofrecido un abrazo, pero ella siempre los rechazaba, ella era así, a ella no le gustaban los abrazos. En su memoria todavía estaba muy vivido el dolor que había sentido cuando una persona, normalmente en nombre del amor, la rodeaba (toda ella, izquierda y derecha) con sus brazos. Así que durante mucho tiempo había evitado, sin mucho éxito la verdad, que la gente la quisiese, resultaba demasiado amenazador.

Otra de las cosas que llamaba la atención de Federica es que nunca vestía tirantes o manga corta. Las habladurías habían construido mil hipótesis morbosas sobre sus brazos, desde que tenía pelos más abundantes y largos que Eusebio, al que apodaban “el oso”, hasta que no tenía brazos. Hipótesis ésta última poco sostenible porque lo que si se podía ver sin dificultad eran sus hermosas manos, siempre de aspecto suave y cuidado. Y era difícil de creer, hasta para las vecinas más ancianas y que habían oído las historias más increíbles, que alguien no tuviera brazos y si unas manos tan bonitas. Así que Federica nunca se había desnudado delante de un hombre, y si lo había hecho había sido siempre dejando sus brazos a cubierto, supongo que desarrollando para ello una gran creatividad. Con los años, sin duda, había sido más fácil para Federica creer que los hombres no estaban interesados en ella que buscar la manera de desnudarse sin enseñar sus brazos y, sobre todo, sin que la abrazaran. Federica había acabado convenciéndose de que “yo soy así” y aunque no era feliz del todo ser de otra manera, en su experiencia, dolía, dolía mucho.



  1. Anonymous Says: enero 25, 2010 at 2:41 pm

    Bueno…. y ahora ¿cómo puede curar esa herida que nunca cicatrizó, que sido tapada para no ser vista, que sólo duele y duele sin saber dónde está el origen de ese dolor?

  2. Anónimo, este post es una respuesta a los comentarios del anterior y el cómo que me preguntas se responde siguiendo las instrucciones de ese post “El dolor como aliado”.
    Y si solo/a no puedes, entonces acude a un/a terapeuta y ayúdale a ayudarte.

  3. Anónimo, me conmueve tu comentario. Hay heridas que dejan cicatrices feas, sí, pero a veces nos siguen doliendo porque seguimos focalizando nuestra atención en aquello que ya no podemos cambiar, y esa actitud es la que en vez de ayudarnos a superar la pena, nos hurga más en la herida cronificando el dolor.
    Hoy escribía sobre algo que tiene que ver con esto. La pregunta es qué se puede hacer para dejar el dolor atrás, ¿no?
    Me temo que eso sólo va a depender exclusivamente de nosotros mismos y de nuestro esfuerzo, no tanto de los demás ni de las circunstancias, sino de nuestra actitud.Es fácil decirlo y no tanto ponerlo en práctica, ¿verdad? ¿Pero acaso queda otra?
    Se puede empezar por cultivar la alegría, esa que tanto tenemos olvidada, pero ésta se entrena, y si se ensaya, aunque al principio parezca artificial, poco a poco aparece un pequeño efecto que nos animará a irnos familiarizando con el bienestar mínimo que necesitamos para vivir plenamente nuestra vida y dejando cada vez menos espacio a esas viejas heridas. Mucho ánimo.

  4. Vaya historia! Tendrá un final féliz?
    XXX

  5. El origen de ese dolor anónimo, pienso: está siempre en nosotros mismos, creo. Cuando aceptemos esto y no intentemos culpar a nadie más de nuestro dolor, comenzaremos sólo comenzaremos, a destapar esa herida. Es entonces cuando tendremos que elegir. Escuchar nuestro corazón y ser sinceros honestos con nosotros mismos.
    Aceptar los errores de otros (a veces no es fácil) aceptar nuestros propios errores (tampoco).
    Sólo cuando aceptemos, seamos fuertes, dejemos de ser egoístas, superficiales y dejemos de fingir con seguridad comenzaremos a sentir con sinceridad a aceptar ese dolor.
    Es ahí cuando empezaremos con SEGURIDAD a vivir nuestro presente. Sólo así dejaremos de fingir, permitiéndonos ser lo que somos, mostrando esto hacia los demás, ayudaremos también a esos que igual que nosotros en su vida por miedo a ese dolor se sienten o se sintieron INSEGUROS,esto nos hace ser:
    egoístas,superficiales…)no aceptando con sinceridad nuestros errores o los errores de otros. Todos tenemos derecho a equivocarnos y todos tenemos derecho a sentir ese dolor. Comenzar a vivir sin mentiras. Aceptando SEGUROS con AMOR y como dice Avatar: A veces si no se puede solo o sola, acudir a ALGUIEN (un profesional) que pueda siempre “CON TU AYUDA” ayudarte.

    SEGURIDAD ACEPTAR
    “YO soy así” Cierto y seguro es que no debe ser un escudo.
    Que con SEGURIDAD UNO simplemente tiene que ACEPTAR:

    ” Soy así” y entonces ser “YO”.

  6. Hola a todos, ahora soy yo la que os va a contar una historia de una niña que fue muy infeliz en su niñez:
    Erase una niña, que desde que nació, fue rechazada por todos. Todos querían que naciera un niño, y cuando nació la niña, dijeron despectivamente “ajjj, una niña!.
    Cuando fue creciendo, no recibió el cariño de nadie, ni de su madre, que tenía muchos problemas psíquicos. Tenía que pasar todos los momentos de dolor, porque de felicidad tuvo pocos, sola, y consolarse a ella misma, pensando que vendrían tiempos mejores, pero no vinieron.
    Luego vino la época de las adolescencia. Era incomprendida, no tenía libertad de actuación para nada, ni para elegir a sus amigos, porque pasaba que a su madre no le gustaban ninguno de los amigos que tenía.
    Pasada la adolescencia, vinó otro época de dolor, salía con un chico, que no le gustaba a su madre, pasó mucho el tiempo que estuvo con él, más de lo que nadíe se puede creer.
    Ella estaba muy emperrada en este chico, más bien por la tozudez de su madre, que por ella misma, hasta el punto, que cuando se dió cuenta por sí misma de lo que era el chico, lo dejó por propia voluntad.
    Luego, el tiempo, lo arregló todo, al conocer a otro chico, que ahora está con ella, y le dió la felicidad que siempre soñó.
    Las heridas de este cuento no son fisicas, son del alma y del corazón.
    No hay que tapáserlas, se tapan solas, se podía poner tirates y escotes, pero su dolor estaba por dentro.
    Las heridas quedaron, sanaron, pero quedaron las cicatrices, esas que no se ven.
    Mis preguntas son:
    ¿Cómo se curan estas cicatrices?.
    ¿Se puede olvidar todo lo pasado con tanta facilidad, cuando el pasado ha sido tan infeliz y tan duro?.
    ¿Se puede mirar para adelante, sin olvidar el pasado de la niña de la historia?.
    Tendría muchas más que hacer, pero ahora es tarde, y estoy cansada, las haré en otro momento o en otras circunstancias.
    Un beso a todos, hasta pronto.

  7. sentimientos Says: enero 28, 2010 at 9:31 pm

    “…Federica había acabado convenciéndose de que “yo soy así” y aunque no era feliz del todo ser de otra manera, en su experiencia, dolía, dolía mucho.”
    Este fragmento de la historia expresa, desde mi punto de vista, muchos sentimientos; aceptación, dolor, miedo, inseguridad.
    Y lo cierto es que en algun momento vivimos experiencias que nos llevan a dudar de nosotros y de los demas y ante el miedo a un fracaso optamos por evitar una situación similar.
    Cobardia, tal vez?. No, creo que es precaución.
    La felicidad es un conjunto de sentimientos, actos, objetivos, deseos,… tan grande, que bien se puede elegir la combinación mas adecuada, (aunque suene frio y calculador), para no volver a decepcionarte y ser feliz.

  8. Ya se sabe que no es igual tapar que curar, que no es igual acercarse que alejarse, por eso quedan las heridas abiertas con un dolor inoncolable.

  9. Debo admmitir en secreto, que deseo un abrazo y al mismo tiempo mas de una vez lo he rechazado.

  10. Sentimientos Says: enero 30, 2010 at 10:20 pm

    Al piano huerfano le digo que si de palabra me dijeran las palabras que tu has escrito lloraria, aunque no se realmente porque.
    En cualquier caso, al autor de esas letras le envio mi mas tierno abrazo.

  11. Sentimiento, creo que llorarías al oir las palabras que ha escrito Piano Huerfano, porque tienes lo que tiene tu nombre, mucho sentimiento.
    La tristeza y el dolor solamente los saben apreciar los que realmente han sufrido, y puede que tú sí que hayas sufrido, por eso comprendes las palabras de Piano Huerfano.
    A Piano Huerfano, le digo que nunca se debe rechazar un abrazo, aunque si ella ve que no es sincero o es hipocrita, sí que debe hacerlo, las personas hipocritas ayudan poco en la vida.
    Un beso para todos, hasta pronto.

  12. Elegir nuestra propia combinación de sentimientos para no volver a decepcionarnos y ser felices. Es cierto lo hacemos, lo hago pero creo que me estoy equivocando, los sentimientos no deberían elegirse ¿verdad?
    Las emociones sí, elegirlas combinarlas ¿o no?
    La felicidad es un conjunto de sentimientos, cierto. ¿Sentimientos elegidos? ¿Pero por miedo? No sé, estoy hecha un lio. ¿Pero es lo correcto?
    ¿Elegir por miedo? ¿Nuestros sentimientos, nuestras emociones o nada?
    Contra el miedo debemos luchar, pero ¿cambiar mis sentimientos? Conste que lo hago .
    Gracias a sentimientos ahora me lo estoy cuestionando.
    Antonio ¿ sería bueno un post sobre “SENTIMIENTO”?

  13. Perdón, acabo de descubrir un post sobre sentimientos tuyo. Llevo poco tiempo siendo conocedora del blog y yo como siempre liándola, lo siento nunca mejor dicho.
    Ojeándolo súper interesante muy aclarativo, lo releeré “INCREIBLE” gracias.

  14. La mamá de Federica quiso evitarle el sufrimiento, pensando que de este modo la niña se sentiría mejor. En ese momento no pensó que hay que dejar a cada persona que se enfrente a su propio dolor, sin ocultarlo y que este hecho la hará más fuerte y conseguirá prepararla para la próxima ocasión. Es más la reacción de la madre en contra de las personas que profesionalmente intentaron ayudarlas,hizo a Federica vencedora por unos instantes, lo que distorsiona su visión de la realidad desde ese mismo instante. Pienso que no la dejaron aprender a enfrentarse al dolor, pero a la vez creo que cuando alguien madura puede empezar a hacer cosas diferentes de las que las que aprendió en su infancia. Por eso y porque un paso lleva al siguiente, creo que nunca es tarde para aprender a afrontar situaciones, empezando por las menos conflictivas.

  15. Anonymous Says: abril 6, 2010 at 5:29 pm

    Yo soy así… Si nadie te da una señal de que quizá el ser se está confundiendo con estar, dificilmente se puede tomar consciencia del por qué de ese sufrimiento, enfrentarse a él y poder superarlo. La meditación debería ser una asignatura obligatoria en todo sistema educativo, y no una asignatura pendiente como es hasta ahora. Nos queda tanto camino, pero un mundo mejor, UN MUNDO CONSCIENTE es posible

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