Navidades, tiempo para reconstruir nuestra historia

Navidades, tiempo para reconstruir nuestra historia

Se aproximan las navidades, unas fechas que en nuestra cultura están relacionadas con el nacimiento de Jesucristo y con la reunión en torno a la familia para celebrar tal evento. Sabemos que Jesús no nació ese día sino que se hace coincidir con el solsticio de invierno del antiguo calendario juliano. Es una fecha representativa, donde gobierna por última vez la noche más larga, la oscuridad, para que tras ese momento empiece a avanzar con fuerza la luz hasta llegar al solsticio de verano, donde tenemos el opuesto, la noche más corta. Hablamos, obviamente, desde el hemisferio norte.

Aunque sabemos que esto no es así celebramos esta historia, más que por lo que ocurrió por el significado que tiene a nivel simbólico. Así que unimos realidad, el nacimiento de Jesucristo, un maestro llamado a influir enormemente en la historia de una parte de la humanidad, con la simbología que representa el nacimiento de la luz frente a la oscuridad.

Últimamente en consulta he podido observar este mismo proceso en nuestra mente. La persona entra en hipnosis y cuenta una historia, su historia. Muchas veces es sorprendente observar las diferencias entre las historias que nos contamos a nosotros mismos y la historia que se percibe desde fuera. Y es que es cuando nuestro cerebro construye memorias y recuerdos no los construye desde la realidad sino mezclando ésta con la percepción que tenemos de lo acontecido, con nuestra interpretación de los eventos. Hay personas que sintieron que no se las quería y que construyen su vida a partir de esa idea, aunque cuando buceas en su historia descubres que fueron muy queridas, pero hubo un par de eventos que les hicieron sentir abandonados, criticados o agredidos y que sus “pequeños” cerebros no pudieron integrar, construyendo una historia basada en unos momentos concretos pero tan potente que es capaz de contradecir todo el resto de eventos que hubo alrededor. Así es el poder de las emociones, si un evento produce una potente emoción quedará grabado tan profundo que inundará de su significado el resto de los acontecimientos más “suaves” que ocurrieron alrededor. Esto es un problema porque como producen mucha más emoción los momentos traumáticos que los neutros o incluso los positivos, a veces nuestro recuerdo se tiñe de ese evento que fue puntual o no tan importante haciendo que construyamos una historia muy diferente a la realidad y que circula alrededor de esa emoción tan desagradable para nosotros. Esto no tendría tanta importancia si no supiésemos que el cerebro construye a partir de ahí la realidad, filtrando la información que viene del exterior para hacerla coincidir con la historia que nos estamos contando. Y al construir nuestra realidad estamos construyendo nuestra vida, haciendo que se repita una y otra vez aquello que precisamente más tememos.

Así, si una persona se sintió abandonada de niño porque en algún momento sus personas de referencia le dejaron solo o al cuidado de un tercero, su cerebro grabará como un trauma el abandono (que si hubiese sido cierto hubiese podido provocar su muerte) y entonces su cerebro empezará a descubrir en todas las relaciones un posible abandono a la mínima señal de que la otra persona se aleje. En este ejemplo, la persona se convierte en tan controladora y dependiente del otro que puede acabar asfixiando la relación. O por el contrario, tendrá tanto miedo que no se acercará íntimamente a nadie para evitar el peligro de ser abandonada. En ambas circunstancias, la defensa ante lo que trata de evitar será posiblemente la causa que le impida tener una relación sana con los demás y, en consecuencia, será frecuente que acabe encontrándose realmente sola.

La persona no entiende que si está viva aquí y ahora es porque no fue abandonada, por lo menos no al nivel de peligro que la persona pudo sentir. Así que si estoy vivo, de alguna manera, el mundo a cuidado de mi. Si en unas circunstancias tan difíshutterstock_186506522ciles estoy todavía aquí es porque hay algo que cuida y que está a mi favor. Además, ahora como adulto puedo saber, como diría Roberto Aguado, que lo que pasó pasó y que si pasara ahora pasaría de otra manera porque ahora dispongo de los recursos que no tenía siendo un niño. Incluso si viví realmente situaciones de abandono seguro que he desarrollado muchos más recursos que aquellas personas que han vivido muy protegidas y siempre acompañadas y cuidadas.
El problema es que al buscar el cuidado fuera, al ser gobernado por el miedo a que me abandonen de nuevo, pongo toda mi atención e intención fuera y lo que hago es… ¡abandonarme a mi mismo! esperando que los demás me den algo que como adulto puedo darme yo mismo y que si dependiese de que me lo diesen de fuera pues sería eso, una persona dependiente y gobernado por ese niño temeroso de que le abandonen y que no para de provocar su soledad.

Así que aprovechemos estás fechas simbólicas para dejar nacer la luz que hay dentro de nosotros, ese poder para cuidarnos y responsabilizarnos de nuestras heridas, aprovechemos la cercanía de nuestros seres queridos para ver que igual que hicieron cosas mal las hicieron bien y viceversa y que, seguramente, cada uno no hizo ni más ni menos que lo que podía en ese momento. Pero siendo conscientes de que seguimos vivos, y que eso nos da una oportunidad increíble para construir nuestra historia a partir de ahora, para entrar en contacto con la esencia de nuestro interior y desde el cariño a ese niño, que en el ejemplo de este post ha sido abandonado, pero que ha podido ser criticado, agredido, desprotegido, no acariciado o cualquiera de las carencias de los deseos básicos tan necesarios para la supervivencia, ofrecerle aquello que no tuvo desde nuestro Amor, nuestra presencia y nuestro respeto. Y si tras intentarlo profundamente no somos capaces de conseguirlo, regalémonos algo importante estás navidades, la inversión en un/a terapeuta de calidad que nos acompañe en ese proceso.

Todo el equipo de Avatar Psicólogos te deseamos unos días navideños llenos de descanso, de consciencia, de crecimiento y de Amor, desde dentro y desde fuera, que llenen de amor tu corazón y que te permitan, si es que así lo quieres, reescribir tu historia para construir y tener aquello que mereces: Todo lo que deseas.



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