Mentiras de la mente: “Es que yo soy así”

Mentiras de la mente: “Es que yo soy así”

Es evidente que cuando alguien dice la frase “Es que yo soy así” suele ser en un tono defensivo. Ante esa afirmación mi pregunta suele ser “¿Y te gusta ser así?”, a lo que la persona suele responder que no, reafirmándose en que no puede hacer nada por evitarlo porque ella “es así”.

Bueno, pues entre las mentiras que nos decimos esta es una de las más grandes. No es posible que lo que eres, tu esencia, te haga sentir mal. Si no te sientes bien con lo que piensas que eres es que, evidentemente, eso no puede ser tu esencia. Cuando uno habita su SER lo normal es que sienta un bienestar intrínseco, una sensación de plenitud, de que todo está bien y en orden. Cuando estás en tu esencia el malestar se evapora y es sustituido por una paz interna que te da la seguridad de estar en el lugar adecuado, en el tiempo adecuado, de que todo está bien.

Lo que una persona describe cuando dice “es que yo soy así” es su personaje, su identidad defensiva, su máscara, lo puedes llamar de diferentes maneras, es aquello que un día construyó para defenderse y que ha actuado tantas veces que ya parece parte de ella. Pero no hay nada más diferente a tu ser que la defensa que ha construido el ego. Es más, lo que los psicólogos nos dedicamos a hacer es a diagnosticar las defensas que el ego ha ido construyendo y a liberar a la persona de ellas. Por eso a algunos de nosotros nos sienta tan mal cuando un compañero diagnostica y etiqueta a alguien con una patología, porque la persona se reafirma en que es esto o lo otro sin darse cuenta de que lo que está etiquetando el profesional es más lo que no eres que lo que si eres.

Veámoslo con un ejemplo. Si tenemos una persona con ansiedad, nos indica que responde ante muchos estímulos del entorno que no representar un peligro con la emoción miedo. El miedo, como todas las emociones, tiene una función de supervivencia y por tanto es una emoción positiva si se utiliza correctamente. Si no tuviésemos miedo no nos alejaríamos de los peligros y nuestras posibilidades de seguir vivos disminuirían. La enfermedad es cuando alguien se queda fijado en una emoción y responde permanentemente con ella ante estímulos que lo normal es que provocasen otras emociones.

Nuestra labor en este caso es detectar en que momento de su vida el cerebro de la persona se sintió tan en peligro que “decidió” que había que estar permanentemente alerta ante cualquier cosa que presentase la vida. Aunque no es exclusivo de esa edad, estos eventos suelen producirse en la infancia por dos motivos:

– El infante es tremendamente vulnerable y muy dependiente del cuidado de los demás.

– Su vida está gobernada por el cerebro emocional, el racional todavía no se ha desarrollado.

Si en este momento tan sensible el niño se siente abandonado, es agredido, se le dan más responsabilidades de las que es capaz de manejar, no se siente protegido o tiene cualquier vivencia que le desborda, su cerebro emocional graba la instrucción de que el mundo es un lugar peligroso y que si se descuida morirá. Bajo esta premisa, lo mejor para la supervivencia es estar siempre alerta, desconfiar de cualquier cosa y ponerte en lo peor porque eso aumenta las posibilidades de sobrevivir.

Cuando el cerebro racional se va desarrollando lo hace desde la base de esta premisa de peligro y, en vez de dudar de ella evaluando la realidad desde los nuevos recursos que la persona va creando en su crecimiento, lo que hace es poner la nueva capacidad cerebral al servicio de esa premisa. Así el cerebro emocional que solo vive en presente solo puede sentir miedo ante cosas que estén pasando realmente, pero el cerebro racional con su gran capacidad para imaginar cientos de posibilidades empieza a inventar escenarios peligrosos para justificar la sensación de miedo permanente que tiene. Así que si alguien le ofrece un viaje, en vez de alegrarse o sentir curiosidad, el miedo le hará crear pensa-mientos donde imaginará los peligros de ir de viaje, así que la persona preferirá quedarse en el entorno de su casa, más segura. Cualquier evento nuevo será teñido de miedo y por lo tanto practicará una y otra vez la actitud defensiva que por sus síntomas describimos como ansiedad.

Pero la persona no es ansiosa (ni dependiente, ni depresiva, ni agresiva, ni nerviosa, ni cobarde, ni intransigente, ni ninguna otra etiqueta limitadora que se nos ocurra), simplemente ha aprendido a reaccionar con miedo ante todo y lo ha hecho tantas veces que ha perdido su conexión con lo que realmente es: un ser humano capacitado para responder con diferentes emociones a los eventos que la vida le pone delante. De hecho, la salud mental es responder de manera flexible con la emoción que mejor nos adapte a cada acontecimiento de la vida.

Lo que mejor te describe es “Yo soy todo” porque tienes todas las cualidades dentro, eres valiente y cobarde, abierto y cerrado, alegre y triste, todas las polaridades posibles y sus diferentes niveles intermedios. Cómo ser humano eres todo y luego, desde tu libertad, puedes elegir cual de todas ellas es la que deseas expresar en cada momento según tus particulares valores.

El día de la entrevista que comparto más abajo uno de los trabajadores de la televisión me dijo: “hay gente que se cree una cosa pero luego son otra muy diferente”. Por ejemplo, hay personas que dicen ser muy democráticas y tolerantes pero luego actúan muy intolerablemente cuando alguien no comparte sus ideas. Pues bien, contrariamente a lo que muchos dirían, yo creo que la persona es mucho más lo que desearía ser que lo que está manifestando. Lo que desearía ser describe lo que sus valores definen, luego sus miedos le hacen actuar inconscientemente de maneras diferentes a aquella pero no hay duda de que lo que la persona desea habla más de sí misma que lo que luego manejada por sus defensas manifiesta. Aunque las personas de su alrededor tienen todo el derecho a decir esa frase de Albert Espinosa “Amo tu caos, pero lejos de mi”, respeto a la persona y su esencia pero no tengo por qué relacionarme con sus defensas, con lo que ella no es.

Entrevista a Antonio de Dios sobre esencia y defensas del egoAntonio de Dios en café y té



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