La violencia SIEMPRE es inseguridad

La violencia SIEMPRE es inseguridad

El pasado 25 de noviembre fue el día contra la violencia de género y no quiero dejar un año sin recordar la lacra que esto supone para nuestra sociedad. En una entrevista para radio Marbella con motivo de ese día, el presentador Joaquín Escriña me preguntaba “Entonces, la persona violenta ¿es siempre una persona insegura?”. Y mi respuesta fue contundente “Si, siempre”.

La violencia es la manifestación conductual de una emoción, la rabia. Y pCaptura rabiaara que sintamos rabia es necesario percibir un peligro, una amenaza en el entorno ante la que el cuerpo se prepara para una reacción de lucha o huida. Para ambas respuestas el cerebro manda segregar una serie de neurotransmisores, uno de los más importantes es la noradrenalina. La noradrenalina está presente tanto en el miedo como en la rabia que aunque son dos acciones muy distintas entre si, una lleva a la lucha y otra a la huida, comparten un componente muy importante, solo se pueden manifestar en caso de que nos sintamos en peligro. Cuando el cerebro se siente seguro segrega neurotransmisores muy diferentes como la serotonina y la dopamina, y cuando estamos dominados por ellas no podemos atacar ni ponernos agresivos porque nos sentimos seguros y bien.

En definitiva, cuando alguien responde violentamente, si o si se siente amenazado o inseguro. No puede haber violencia sin inseguridad.

Así que cuando un hombre agrede a una mujer, física o psicológicamente, es porque se siente inseguro y su inseguridad no tiene nada que ver con ella sino con él. Cuando un jefe insulta, agrede o abusa de su poder ante un empleado, es que se siente inseguro de su capacidad de liderazgo. Cuando un alumno/a amenaza o acosa a un/a compañero/a es porque se siente inseguro y menos válido que los demás. Cuando un cliente ataca o agrede a un trabajador es porque se siente inseguro. Y así hasta el infinito.

El engaño que sufren las personas violentas y en muchas ocasiones toda la sociedad es pensar que la persona violenta, la que más  amenaza, es una persona que se siente segura y es fuerte. Nada más lejos de la realidad. Es verdad que la persona no se siente lo suficientemente insegura para huir o “congelarse” pero siente el miedo suficiente para considerar al otro como una amenaza y reaccionar ante ello con una respuesta desproporcionada.

¿En que sentido es una amenaza una mujer para un hombre? ¿Por qué es un/a empleado/a un peligro para su jefe/a? ¿Qué inseguridad provoca el alumno/a acosado en el/la acosador/a? Éstas son las preguntas que nos debiéramos hacer a la hora de investigar un suceso violento.

El problema es que el miedo de la persona violenta hace muy difícil que se pregunte ¿Qué me ocurre que siento rabia? ¿Cuál es el peligro para mi? Sin duda es mucho más fácil poner el motivo de mi emoción fuera y culpar a los demás de aquello que es solamente mío, mi propia inseguridad ante una situación que, de alguna manera, supera los recursos que percibo como disponibles.

Esto no quiere decir que la rabia sea mala, es una emoción que nos indica precisamente las amenazas y en ocasiones nos tenemos que defender ante ellas, luchar por nuestros derechos, etc. Pero cuando la utilizamos sin ningún peligro aparente fuera es que… ¡el peligro está dentro! En nuestra autoestima, en nuestra seguridad personal, en nuestras memorias o nuestra historia.

Trabajemos sobre nosotros mismos en vez de buscar mil y una excusas para culpar a algo externo.

Y como sociedad no justifiquemos y menos ensalcemos a la persona violenta, cientos de películas cada año ensalzan al personaje que utiliza la violencia para resolver los conflictos que se presentan. Es verdad que ante una agresión física directa en ocasiones no queda más remedio que defenderse para mantener nuestros derechos, pero esa tendría que ser la última opción, cuando no queda más remedio. Supongo que cuando esto sea así, cuando la violencia quede reducida al mínimo indispensable, será cuando el ser humano se pueda considerar consciente y avanzado, hasta ese momento, solo somos animales inteligentes que, dominados por nuestro miedo utilizamos la inteligencia para destruir en vez de construir.

Depende de cada uno de nosotros responsabilizarnos de nuestra rabia, entender cuales son nuestros miedos, canalizarlos de una manera más adecuada y no callar ante las situaciones violentas de nuestro alrededor. Empezando por la violencia física, siguiendo por la violencia psicológica y sin olvidar la violencia estructural, que mantiene un sin fin de injusticias en nuestro planeta. Quizá no podamos hacer mucho por resolver los problemas del mundo, pero si podemos hacer algo por resolver lo que ocurre en “nuestro” mundo, en las situaciones más cercanas. Aportemos cada uno para que la lacra de la violencia quede en el pasado, en los tiempos en los que el Ser Humano era más animal que humano.



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