La tormenta de arena

La tormenta de arena


Barriendo el desierto
“Solo quien es capaz de barrer el desierto tras la tormenta es capaz de limpiar su corazón”

El cuarto día en el desierto nos ha sorprendido con un regalo inesperado, la lluvia y una tormenta de arena. Y es qué… ¿Cuántas veces llueve en el desierto de Merzouga?

Como todo momento que se sale de la norma y es crítico tiene su momento de peligro. El inicio súbito de la tormenta nos pilló en mitad de la sesión de trabajo práctico que hacíamos entre las dunas y había que volver corriendo al albergue antes de que la arena te rodee y pierdas toda noción del espacio y del lugar donde te encuentras, que por otra parte era lo que estábamos practicando, el ir más allá del espacio y tiempo a través del ensueño. Por suerte, no estábamos muy lejos  y tras cuatro jornadas trabajando por la noche nos sabíamos el camino de vuelta con los ojos cerrados.

Una vez superado el peligro, te conectas con la oportunidad y con la fuerza y la magia de la naturaleza desplegando su poder. Unos instantes antes la quietud y el silencio, en unos minutos el poder desatado que te hace sentir tan pequeño y vulnerable. El ser humano, tan tendiente a sentirnos importantes, enfrentado a nuestra insignificancia, a lo frágil de nuestra existencia. Cada día, tumbados en la arena infinita, con la vía láctea encima de nosotros, tenías esa misma experiencia, tu insignificancia ante la inmensidad del vasto universo y la grandeza al conectarte con todo a tu alrededor sintiendo que lo de fuera es dentro y lo de dentro es fuera.

Fuerza y vulnerabilidad por igual. Y es que hay que ser muy fuerte para mostrarte vulnerable y solo admitiendo nuestra vulnerabilidad podemos encontrarnos con la mayor de nuestras fuerzas, la que sale de lo más profundo de nosotros. Una fuerza mucho mayor que cualquiera que podamos construir para defendernos, porque nadie se construye una fuerte armadura si no se siente por debajo de ella muy débil y vulnerable.

La tormenta te para, te hace presente, impide que te vayas a ningún sitio que no seas tú mismo. Aunque nuestra mente es poderosa y no necesita de gran esfuerzo para irse a lo que podría ser, lo que fue, lo que quizá será, lo que me gustaría que fuese, lo que temo que sea, lo que debería ser… la mezcla de calor y arena circulando veloz a tu alrededor te trae inevitablemente de vuelta. Además, la fuerza de la tormenta  te ayuda a rendirte ante ella, a observar, a admirar.

imageY ahí fuera, en mitad de la tormenta , el desierto permanece impasible, acogiendo los cambios que el viento va a producir en su configuración sin ofrecer resistencia. Cuando tienes la fuerza y el aplomo del desierto no hay resistencia al cambio, porque es solo eso, cambio. No te amenaza, son solo movimientos internos de lo que es, y lo que es sigue siendo igual en esencia aunque sufra pequeñas transformaciones por el dinamismo de la vida.

Otra característica de la tormenta es que hay una niebla que impide ver, una niebla formada por la misma esencia del desierto, la arena. Como ocurre en nuestras tormentas internas, donde nuestros pensamientos impiden que veamos claramente y nuestras creencias crean una niebla que nos ciega. Si seguimos caminando envueltos en ella sin duda acabaremos perdidos. Como en la tormenta de hoy, solo aceptándola, entrando en la quietud, en la observación y dejando que pasen podremos volver a la calma y vislumbrar de nuevo el camino que marca nuestro corazón.

Cuando pase la tormenta tendremos delante un desierto diferente, no mejor ni peor, tan solo el desierto de hoy, con las mismas bondades, la misma quietud, la misma luz, el mismo riesgo. La tormenta habrá limpiado todas las huellas, todo rastro del pasado, ofreciendo la oportunidad de construir un nuevo camino. Y solo de nosotros depende amanecer a un nuevo día limpios de las limitaciones del pasado, que las huellas del camino recorrido sean experiencias que nos hagan más conscientes y conocedores de nosotros mismos, sin obligarnos a ir por el camino hasta ahora recorrido. Somos libres de crear la tormenta que cambie nuestro destino, somos libres para seguir transitando el camino que han dejado nuestras huellas, si es el que nos lleva a nuestro destino, o barrer el desierto para crear un nuevo camino, a un nuevo destino, el que desde la sincera escucha nuestro corazón nos susurre al oído.

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  1. Natalia Kraus Says: julio 15, 2016 at 10:53 am

    Preciosa reflexión y una metáfora increíble el estar en un desierto. Hasta en el desierto pasan un millón de cosas!Dicen que el maestro llega cuando el alumno está preparado y se me ocurre pensar que nuestro mayor maestro es la vida misma y por tanto cada experiencia que nos llega debe ser recibida porque estamos preparados para ella, ya sea una vivencia de las que experimentamos con gran agrado, ya sea de las “incomodas”(recuerdo que alguien me dijo una vez “hay que aprender a estar en la incomodidad también”.Hay momentos que cuesta aceptarlos tal y como son, por eso que comentas:”los debería””lo que pude haber hecho y no hice””y si me equivoqué en algo que aún puedo rectificar”…Las tormentas de la mente. Reconozco que era de las que creía que sólo uno construye su destino, pero han sido tanto los acontecimientos y giros inesperados que he tenido que rendirme a una idea quizás más humilde y pensar que ahí fuera hay un camino que muchas veces no podemos ver por esa neblina que nos obliga a parar, observar, esperar a que pase la tormenta y confiar en que si nuestros pasos nos han guiado hasta ese punto es por una razón que se nos revelará en el momento adecuado y de lo que sí somos responsables es de la elección de cómo afrontamos los cambios inevitables de la vida y de si queremos volver atrás pisando huellas del pasado que ya conocemos o si por el contrario decidimos seguir una nueva trayectoria que nos lleve a un lugar de nuevas fortalezas y vulnerabilidades haciéndonos un poquito más “ricos” en nuestro bagaje personal. Hay una gran satisfacción una vez se atraviesa un desierto. Siempre Hay un oasis al otro lado para nuestro cuerpo cansado y nuestra mente inquieta. De la misma forma que hay que saber identificar la alegría y “exprimirla” cuando nos llega,hay que aceptar la otra cara de la moneda cuando no hay otra porque todos los contrarios son necesarios para que haya equilibrio. Y en equilibrio se avanza.

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