La pereza

La pereza

Decía Jenofonte que nunca el alma entregada a la pereza produce nada bueno, se entiende, sencillamente, porque entregada a la pereza, el alma directamente no produce.
Quizás por eso, por el no producir, el no contribuir, el no aportar… la pereza fue elegida como uno de los siete pecados capitales, porque en realidad, en si mismo, el no producir debería ser, en ocasiones, un derecho humano.

Todos necesitamos momentos de apatía, de no hacer nada. Momentos de silencios en el cuerpo y en el alma donde reubicar lo vivido recientemente. Momentos de autodiálogo (que no es lo mismo que monólogo), donde encajar lo que entre tantas prisas, no tuvimos tiempo de decirnos.

Son tiempos oportunos, necesarios, que en el momento actual muchas ocasiones debemos buscar esos reductos de “tiempo libre” que nos permitan dedicarnos sin cargo de conciencia (he aquí herencia católica de la que hablábamos en la introducción) a ese “no hacer nada” que no es si no estar con uno mismo… de forma consciente.

El problema aparece cuando esos tiempos se cronifican. Cuando la pereza se instala no como un recurso de recuperación, si no como un mecanismo de defensa que consiste en la parálisis ante el mundo, una forma de materializar ese cómico “paren el mundo que me bajo” que decía Groucho Marx.

En términos psicológicos la pereza estaría entre la anhedonia (incapacidad para experimentar placer) y la apatía, esa falta de energía que nos impide ejecutar ese requisito mínimo en la vida: el movimiento.
En ese sentido, la pereza “crónica” si nos debería hacer reaccionar (por muy paradójica que sea esta última frase… ya que el perezoso, lo último que hace es reaccionar) y provocar ese autodiálogo del que hablábamos más arriba compuesto por frases del tipo “¿de qué estoy tan cansado/a? “ “¿estoy viviendo por encima de mis posibilidades?”… “¿en qué se me ha ido la energía?” … o quizás, “¿en quién?”…. al
mismo tiempo que, como deberíamos hacer con todos aquellos que necesitan nuestra ayuda, le ofrecemos un apoyo extraordinario a nuestro propio cuerpo, refiriéndome con extraordinario a alguna atención especial, como cierto mimo, regalo, caricia, y buen trato.

En algunos casos la pereza podría ser incluso una defensa, cuando sentimos que no tenemos la capacidad o que no podemos llegar a conseguir algo no resulta extraño que nos de mucha pereza el esfuerzo que conlleva. Y es tan difícil desperezarse y afrontar esas cosas que tanto nos asustan…

Simbólicamente la pereza es parar.
Todos necesitamos detenernos.
Pero no se entiende aquí detención como bloqueo, si no como estrategia que me permita valorar que parte del camino he recorrido, y enfrentarme al resto del camino con la energía justa.

Así que utilicemos la pereza, el día que nos agarre, como descanso… pero también como un tiempo de inflexión y liminal, desde el cual reconocer que las cosas no son como fueron pero tampoco como serán.



  1. La pereza puede ser un descanso, un descanso del alma y del cuerpo, un parentesis en nuestro caminar del día a día.
    Dicen que un hombre con pereza es un reloj sin cuerda, es como andar a relentin, sin ganas, con cansancio.
    Sí, puede ser un pecado capital, pero también un gran cansancio, de la vida y del mundo, pueden ser ganas de soledad,de pensar en nuestras cosas, de relajarnos y dejarnos ir con la mente por nuestro mundo interior; también puede ser dejación del cuerpo, como flotar en el espacio.
    Todo es necesario en la vida, la pereza es una falta, pero necesaria en algunos momentos, en que nos evadimos de todo y de todos, queremos libertad.
    Esos momentos son necesarios en la vida, la pereza, junto con la soledad, soledad de cada uno, la que cada uno añora, de vez en cuando, para pensar y para soñar en lo que hemos sido y lo que somos, en los que somos y lo que queremos ser, y también en lo que hemos dejado de hacer.
    Divagar, eso hago con esta pereza que me invade ahora.
    Un saludo muy, muy perezoso.
    Demofila.

  2. Caer en la tentación…
    Sería como ver la profundidad del cuadro apática, frustrada, monótona, desmotivada, triste, nublada y gris.
    Cambiar la perspectiva para darle ese toque de color, tamaño y movimiento que logre estimular de nuevo nuestras inquietudes sería una de las soluciones para
    lograr una visión más ajustada de nuestra “obra” e interactuar con ella para volver a alimentar nuestra estima y recuperar la diligencia que nos redime de nuestro “pecado”.

    Abrazos.

  3. La pereza… probablemente sea mi pecado capital por excelencia.

    La vida es un constante esfuerzo, y desde luego, lo que no trabajemos hoy, nadie nos lo va a regalar mañana. No es tan difícil, pues, caer en la tentación de simplemente “no hacer”, no avanzar, y dejar el tiempo pasar mientras nosotros permanecemos inmóviles.
    La pereza es contemplar el avance del mundo desde la ventana de nuestro cuarto. Pero sobre todo, es considerada como una tendencia a evitar. Y esto es algo que nos recuerda la iglesia convirtiéndolo en pecado capital.

    Pero ¿es la pereza algo malo y habría que evitarla? Yo pienso que eso depende del punto de vista del que se enfoque y de la forma que se le de. La pereza puede ser descansar para tener tiempo de reflexionar sumergidos en nuestra soledad, o puede ser un mecanismo para evitar enfrentarnos contra el mundo.

    Por lo tanto, si consideramos la pereza como un pecado (o algo malo), puede que estemos en lo cierto, pero solo de manera relativa e intersubjetiva con respecto a la forma que le queramos dar.
    De ahí que podamos sacar la conclusión de que si la iglesia dice que la pereza es un pecado (o algo malo), será porque su intención es darle esa forma.
    La razón de esto parece evidente. No se trata de que sea bueno o malo para nosotros, sino que simplemente es malo para “ellos”.

    La iglesia como institución, ha sido una de las herramientas más efectivas de manipulación. Así pues, las instituciones que controlan esta sociedad han preferido darle un enfoque negativo a la pereza, para que los borregos que componemos la sociedad seamos más productivos y tengamos menos tiempo para hacer reflexiones como estas.

    Mi intención no es hacer un crítica subjetiva de la iglesia, sino intentar explicar el motivo por el que se considera la pereza un pecado.
    Así que olvidándome de instituciones y prejuicios, lo importante es seguir avanzando y creciendo, pero sin olvidar que, de vez en cuando, no está mal observar el avance del mundo, inmóviles desde nuestra ventana, para ver en qué dirección avanza.

    Yo, personalmente, me quedo con la frase de John lennon en su perezosa canción “I’m only sleeping”, Keeping an eye on the world going by my window, taking my time…

  4. Anonymous Says: junio 14, 2011 at 7:46 pm

    Los feliito por tan precioso comentario acerca de la pereza, ha sido sublime y enriquecedor…espero que esto me ayude a despejar mi destino, ya que este tema ha sido una piedra de tropiezo toooda mi vida, Dios los bendiga.

  5. Anonymous Says: agosto 31, 2011 at 7:41 pm

    la pereza es mi suplicio y me esta llevando hacia un vacio… pierdo mi tiempo en nada.. tiempo valioso que tengo para hacer las cosas que debo… y no se como darme el animo que necesito!!! me da verguenza pero es asi!! si alguien tiene la respuesta a este problema que lo haga saber!!

  6. Hola Anónimo,

    antes de nada perdona la tardanza en la respuesta. Cuando la pereza es un problema es porque generalmente no tenemos claros cuales son nuestros valores ni nuestra misión en la vida. Normalmente nos resistimos mucho a aquello que no nos gusta, no tenemos recursos para afrontar o “debemos” hacer. La clave es encontrar aquello que nos apasiona y para lo que tenemos talento.
    Si quieres que te ayudemos en ello no dudes en contactar con nosotros a través del correo electrónico que viene en la web y trataremos de asesorarte con ello.

    Un saludo

  7. Estaba escribiendo algo relacionado sobre esto y buscaba una imagen y llegué por estos lados.Me detuve a leer un poco y fue muy grato encontrar una explicación a lo que me sucede por estos días. Muchas gracias , fue muy gratificante saber que mi estado de ánimo se debe una alerta que mi cuerpo me está dando para detenerme y analizar el rumbo que he dado. UN saludo desde Chile

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