Evitar el dolor es lo que nos mantiene en un permanente sufrimiento

Evitar el dolor es lo que nos mantiene en un permanente sufrimiento

“El problema no es tener angustia, el problema es ¿Qué haces cuando tienes angustia?”

Así le contestaba esta mañana a una paciente que, como muchas otras personas, ponen toda su energía en tratar de eliminar el malestar que les produce la ansiedad.

Aunque parezca sorprendente, el motivo por el que la mayoría de las personas siguen enganchadas a aquello que quieren evitar es precisamente sus esfuerzos por evitarlo. Aquello en lo que pones tu atención crece, por eso cuando toda la atención está puesta en evitar el dolor el mensaje que recibe tu inconsciente es que hay algo malo, si no fuese malo no habría que evitarlo, y por tanto hay una sensación de peligro difuso pero constante que hace que el cuerpo esté en una permanente alerta. Esa reacción de alerta es la que provoca el malestar como voy a explicar en unos momentos.

Decía Buda que el dolor es inevitable, el sufrimiento elegido. No hemos sido instruidos en el manejo del dolor sino todo lo contrario, la mayoría de los mensajes tanto de nuestros seres queridos como de la propia sociedad buscan que no duela. “No llores”, “Se fuerte”, “Piensa en otra cosa”  son mensajes muchas veces repetidos por los que nos quieren cuando nos encontramos mal, intentan que no nos duela pero la vida, a veces, tiene cosas que duelen (en realidad lo que provoca el dolor es nuestra respuesta ante la vida, no la vida en si misma, la pérdida de una expectativa que tenemos, la dificultad para afrontar lo que es y nuestro intento de que sea lo que “debería ser”, etc.). Por este motivo hemos configurado nuestra mente para que nos libre de todo malestar y trate de evitar cualquier cosa que duela. Estamos afanados en prevenir cualquier peligro que nos pueda dañar y utilizamos nuestros pensamientos constantemente para controlar la vida, pero la vida es mucho más grande que nosotros y no puede ser controlada, sólo puede ser vivida.

Hay dos cosas que mantienen a una persona en la ansiedad:

  1. Intentar cambiar algo fuera para que yo no sufra dentro.
  2. Tratar de prevenir y evitar el dolor.

En cuanto al primero, no me cansaré de repetir que la ansiedad no está motivada por nada que suceda fuera. Cuando el peligro esta fuera, alguien nos ataca, no tenemos ansiedad, tenemos una reacción de activación para poder luchar o salir corriendo a toda velocidad de la que nadie se asusta. Una persona tiene ansiedad cuando no existe un peligro real porque si éste existe la ansiedad sería una buena respuesta. El miedo que estamos queriendo evitar está dentro de nosotros, suele ser una memoria emocional traumática que nos hizo sufrir en algún momento de nuestra vida y que la mente se afana por prevenir, pero cuanto más intenta prevenir más está poniendo la atención en ella y por lo tanto más la está trayendo al presente. Es algo que ya pasó, y lo que pasó no puede hacernos daño ahora, pero nuestra mente lo actualiza permanentemente con sus pre-ocupaciones.

Un matiz de esto son las personas que se pelean contra sus síntomas. Un estímulo provoca un malestaIMG_1361 2r que el cuerpo identifica como un peligro. La respuesta natural del cuerpo ante ese peligro es activarse y reaccionar para afrontarlo o huir de él lo que provoca unos síntomas. Esos síntomas la persona los juzga como malos ¿y si algo es malo es seguro o peligroso? Evidentemente peligroso así que el peligro aumenta, lógicamente eso hace aumentar los síntomas lo que los hace más fuertes y la persona los juzga como peores y entonces más peligrosos creando un circulo vicioso en el que el estímulo inicial (ese que digo que es el dolor que está dentro) ni siquiera es ya importante porque la persona tiene miedo de sus propios síntomas de miedo. Un círculo vicioso que la persona alimenta al tratar de evitar el dolor sin darse cuenta de que es ella misma la que lo esta provocando.

Sobre el segundo paso, la mejor manera de evitar el dolor que produce el “miedo preventivo” que acabo de describir es traspasarlo, como veíamos en el post la solución a  nuestros lobos. Y si el dolor es actual, porque ha ocurrido algo que duele, entonces la mejor manera de afrontarlo es sentirlo. La mayoría de las personas que se quedan enganchadas en el dolor es porque en vez de sentirlo lo piensan. Piensan en lo que podría haber sido, debería ser y otros mil pensamientos que como he dicho antes buscan controlar el dolor. Al luchar contra el dolor lo convierto en sufrimiento porque no permito que se haga la curva de la emoción de la que ya he hablado otros post y entrevistas. La estrategia más eficaz cuando siento dolor es simplemente eso, sentirlo. Puedo identificar la sensación de dolor en el cuerpo y concentrarme en ella sin intentar evitarla ni reducirla, solo escuchando mi cuerpo, estando presente conmigo mismo, permitiéndome que se haga el proceso. La paradoja, es que cuando hacemos esto, sentir el dolor en el cuerpo, el dolor desaparece muy rápidamente mientras que cuando “pensamos” el dolor, tratamos de darle una explicación o terminar con él el dolor se transforma en sufri-miento y nos acompaña permanentemente.

Todas las personas que vienen a nuestra consulta más de 10 sesiones están en alguno de estos procesos, tratar de prevenir que vuelva a pasar y, como acabamos de ver, al centrarme en ello lo traigo al presente y mi cuerpo reacciona, o intentar cambiar cosas de fuera (como me tratan los demás, evitar estar lejos del hospital, evitar lugares abiertos, cerrados, aglomeraciones y un largo etcétera) para evitar el malestar interno o inconsciente. Pero es evidente que nada de lo que hagamos fuera influirá en lo de dentro, igual que limpiar las aceras de la calle no hará que nuestra casa esté más limpia o ayudar a otros a superar lo mismo que nosotros sufrimos no nos sanará a nosotros, como mucho les ayudará a sanar a ellos.

Así que la solución pasa por permitirnos vivir el dolor tal cual es y una vez pasado acceder al aprendizaje evolutivo que estas experiencias siempre traen consigo. La vida es dinámica y nos impulsa a una permanente evolución, cuando el miedo nos maneja nos deja estancados aunque el flujo de la vida siempre seguirá empujando dándonos un segunda oportunidad de rendirnos al flujo y superar nuestro estancamiento.

Estoy seguro de que el Amor que albergas en tu interior es mucho más fuerte que tu miedo. Ojalá decidas vivir y tomar decisiones desde tu amor y no desde tu miedo, el lugar al que llegarás será muy diferente a este en el que ahora te encuentras estancado.



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