Dura derrota, valioso aprendizaje

Dura derrota, valioso aprendizaje

Hace unos días, por un tema personal, escribía en mis notas “No hay duda de que de las derrotas se aprenden cosas que nunca están presentes en las victorias. Pero algunas derrotas son tan dolorosas… cuando el precio que pagas por el aprendizaje toca allí donde más te duele”. Es precisamente el dolor por la derrota lo que te sumerge en una conciencia que no tienes en la victoria. El dolor nos hace presentes y en la presencia nos descubrimos, nuestros deseos, nuestros valores, lo que es importante y lo que no, por lo que merece la pena luchar, por lo que querríamos haber luchado más, lo que nos hubiese gustado cambiar… pero en la victoria no eres tan consciente y mientras todo va bien no hacemos esos cambios que nos hubiese gustado hacer y que afrontamos, en ocasiones, cuando ya no es posible rectificar. A esta mente humana tan particular que nos gobierna le es tremendamente difícil apreciar lo que tiene… hasta que lo pierde.

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Ayer, posiblemente la mejor generación de baloncestistas españoles de todos los tiempos sufrió una derrota dolorosísima. Dolorosa por la oportunidad perdida, porque no sabemos si volveremos a tener una oportunidad como esta para ser campeones del Mundo en casa venciendo a la todopoderosa Estados Unidos. Ya fuimos campeones de un mundial, y también era aquel un equipazo, pero no le ganamos a USA que perdió en semifinales.

Decíamos en uno de los primeros post de este blog que “no obtener lo que uno desea, a veces, es un auténtico golpe de suerte” y lo sigo manteniendo porque de esta derrota seguro que aprendemos muchas cosas, los jugadores y todos los españoles, que nos habíamos volcado con ilusión con ellos. Aunque solo la complicidad del tiempo y la capacidad de ver las cosas con perspectiva nos permitirá salir de nuestra decepción para volver a instaurar el agradecimiento en nuestros corazones.

Aprendemos muchas cosas de esta experiencia. La primera es recordar lo difícil que es el deporte de alto rendimiento. Cuando llegan los éxitos damos por sentado que ganar es fácil, incluso lo que deberíamos hacer. Nos hemos acostumbrado a ganar y perdemos perspectiva del esfuerzo, concentración, calidad, tesón y capacidad de superar la frustración que la victoria conlleva.

Aprendemos, una vez más, sobre el equilibrio, esa ley universal que tan a menudo nos queremos saltar y que, generosa, viene una y otra vez a recordarnos como son las cosas. Eramos tan buenos que no teníamos plan B, no estábamos acostumbrados a que las cosas se torciesen, teníamos tanta calidad y recursos que no preparamos qué hacer si las cosas no salían como “debieran”. Nos olvidamos que toda fortaleza es a la vez una debilidad, igual que el alumno muy inteligente no tiene capacidad de estudio porque nunca lo ha necesitado y cuando viene una exigencia extrema no está preparado. Y toda debilidad (consciente) es una fortaleza, Francia se sentía peor y lo compensó con preparación del partido, lucha, concentración y orgullo (del bueno) hasta sacar lo mejor de si mismos.

derrota españa3Comprobamos, una vez más, eso que nos enseña la V.E.C., que una emoción intensa no se puede manejar desde la razón. Los jugadores entraron en una caraja monumental y cuanto más quisieron luchar contra ella más se vieron atrapados en aquello que querían evitar. En la vida, cuando llegan los momentos difíciles es importante tener recursos para cambiar la emoción desde la emoción y no dejarte arrastrar por el bucle de pensa-mientos que se alimentan a sí mismos.

La derrota nos hizo conscientes también de la importancia de la presencia. La mayoría de nosotros, y por desgracia seguramente que los jugadores también, estábamos pensando en la final contra USA cuando estábamos en cuartos. Cuando estás allí es más difícil sacar lo mejor aquí. Se dice que no hay que vender la piel del oso antes de cazarla, pero es tan difícil cuando te sientes, y eres, tan superior. Estábamos mentalizados para sufrir en la final, por eso no fuimos capaces de sufrir cuando tocaba, pese a que todos lo que hemos competido sabemos que en todo torneo largo pasas un momento de dificultad, un momento critico que, si lo superas, te da la fuerza que necesitas para superar el reto de ganar todo el torneo. La vida es igual, en un proyecto de trabajo, en una relación, cuando no estás presente, das las cosas por sentadas y te relajas llega ese momento crítico que te despierta o te derrota. Lo sabíamos, pero no estábamos presentes.

También hay otros aspectos importantes de liderazgo, toma de decisiones, política deportiva, etc. que seguramente han influido en la derrota, no voy a entrar por puro desconocimiento sobre los entresijos de la federación, aunque sería muy interesante analizarlos.

Ahora, cuando la decepción es reciente y todavía escuece, es momento de pararse. Lo fácil ante una derrota es criticar a otros o justificar lo nuestro. Si queremos aprender, si queremos sacar provecho a este dolor y algún día poder estar agradecidos, toca permitirse la curva de la emoción, sentir el dolor por la oportunidad perdida sin escaparse a rabias, racionalizaciones o proyecciones. Luego toca subirse al balcón, observar las cosas con la perspectiva de la distancia, realizar el análisis cuando las emociones ya han bajado, ser críticos desde el compromiso con el crecimiento, con grabar a fuego la lección y evitar, en lo posible, volver a caer en ella.

Y finalmente toca agradecer a este grupo humano que nos ha hecho disfrutar, nos ha hecho ilusionarnos, nos ha hecho vibrar, nos ha llenada de autoestima, nos ha recordado que podemos superarnos, nos ha hecho soñar.

Agradecer que con su derrota hemos aprendido todos y podemos aplicar lo aprendido a diferentes facetas de nuestra vida. Recuperar la confianza, ser conscientes de que de aquí salimos mejores y empezar a preparar con ambición y presencia el próximo reto.

Antonio de Dios González. Director Avatar Psicólogos



  1. Natalia Kraus Says: septiembre 13, 2014 at 6:42 pm

    “No hay duda de que de las derrotas se aprenden cosas que nunca están presentes en las victorias” Cierto, doloroso, frustrante… pero como bien señala el post, es el precio del aprendizaje, además, aprendizaje del que no se olvida fácilmente, porque a menudo hay lecciones que por muy dolorosas que sean, no se terminan de aprender bien, y siempre me he preguntado ¿por qué?
    Lo observo a diario, por ejemplo en personas que a causa de adicciones lo pierden todo: salud, trabajo, amistades, incluso a su propia familia, y entran en un centro de rehabilitación, hacen terapia, aprenden herramientas que les ayudan a combatir “emoción desde la emoción”. Un proceso duro del que salen recuperados y de repente, años más tarde, vuelven a recaer… ¿No aprendieron bien? ¿Acaso no fue lo suficientemente doloroso el primer proceso? ¿O simplemente se confiaron? Quizás tenga mucho que ver con eso de dejar de estar presente, que a veces también tiene mucho de “olvidar el pasado”

    De lo errores se aprende, y aprender a base de repetir el mismo error una y otra vez hasta que un día puede que llegue la verdadera conciencia. Lo que está claro es que el ser humano no se conforma con tropezar tres veces con la misma piedra, pero también está en la naturaleza humana, no sólo persistir en el error, si no persistir en la solución.

    Para todos aquellos que fracasan una y otra vez, me gustaría añadir a todo lo expuesto en esta magnífica reflexión, la importancia del perdón. Entre las muchas cosas que nos enseñan las derrotas, está también la capacidad de perdonarnos a nosotros mismos incluso aquello que consideramos imperdonable, para desde ahí, empezar a construir…otra vez. Sólo desde el perdón considero la posibilidad del valor más importante, motor de la voluntad, la motivación y el cambio: la esperanza.

  2. “Toda perdida es una ganancia” como diría Albert Espinosa 😉
    Desde que lo descubres, eres capaz de “disfrutar” con la “pérdida”, con lo sensaciones que generan esa “pérdida”, con permitirte sentir la “pérdida” y cuanto más te permites fluir sin presionar-te, mágicamente mayor es la sensación de ganancia.

  3. Gracias Antonio, por el “recordatorio” 😉
    Comparto que el dolor nos hace (más) presentes…. 😉
    En ésta etapa en la que estoy aprendiendo a re-conocer mis emociones, he “descubierto” que la ACEPTACIÓN, así, con mayúscular, es una piedra angular en mi aprendizaje y CRECIMIENTO.
    Y más consciente en el AHORA, me pregunto, ¿tengo algo que “perder”?….
    Un abrazo hondo,
    M

  4. Nada se pierde… Todo se transforma

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