Nepal en el corazón

Nepal en el corazón

Me llega un aviso desde la coordinación de ERUs de Cruz Roja con una noticia que desgarra mi corazón, un terremoto en Nepal provoca miles de muertos.

Los seres humanos tenemos el corazón de acero para las noticias lejanas, si mueren unas personas de las “nuestras” se nos encoge el corazón y nos llenamos de tristeza, miedo y rabia. Si mueren miles de personas en el Mediterraneo pero son “inmigrantes” o si hay una desgracia en algún lejano lugar del Mundo entonces es una noticia triste pero una más, tan solo roza las defensas de nuestro corazón.

Yo no soy diferente… y como llevo a Nepal en mi corazón el acontecimiento ha traspasado mis defensas…

Estaba escribiendo sobre el camino desde el personaje al Ser cuando me he enterado. Es curioso, Nepal era uno de mis sitios, junto con Tibet, de conexión con el Ser. Recuerdo las experiencias de cada viaje y como su especial ambiente construía la atmósfera perfecta para permitirte salir del mundo de las defensas, lo que hay que hacer, etc. para poder profundizar más en tu verdadero Ser. Sus lugares de culto, sus maestros y, en especial, las personas.

Recuerdo haber contado muchas veces, sobre todo en los cursos de Resolución de Conflictos para delegados de Cruz Roja, la historia de como logramos llegar de Lumbini a Pokhara superando los piquetes que cortaban las carreteras por una huelga general. Tras explicar las técnicas de comunicación que usábamos para negociar que nos dejasen pasar (cuando había coches ardiendo en las cunetas) solía decir “Pero bueno, esto lo hicimos porque era Nepal. En otros países ni se me hubiese ocurrido intentarlo porque seguramente hubiésemos acabado con el coche ardiendo y nuestra integridad física en serio peligro”. Pero los nepalies son diferentes, más allá de su enfado tienen un corazón puro. Obviamente, como en cualquier sitio hay gente agresiva, te pueden robar, etc. pero la gran mayoría de la gente te da la impresión de ser inocente, de corazón limpio, y eso sin duda hace que abras el corazón y te conquisten. Y esa conquista también facilita la conquista de tu propio corazón puro.

Y desde el fondo de mi corazón quiero enviar todo el amor hacía esas personas que ven como la caprichosa naturaleza se ha cebado con ellos, supongo que, como suele ocurrir, con los más humildes. Les mando toda la fuerza del mundo y toda la presencia desde el silencio vibrando en un gran Namasté lleno de respeto, solidaridad y apoyo.

¡Que la grandeza de vuestro corazón os de la fuerza para superar este gran reto!



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