Aprender a decir SI

Aprender a decir SI

 

Esta mañana he respondido en el foro del curso de Inteligencia Emocional on line I algo que creo no hemos tratado aquí nunca.

Inspirados en la investigación de nuestro maestro Roberto Aguado y su libro “Es emocionante saber emocionarse”  hemos empezado una “cruzada” a favor del SI.

Hay muchos libros, cursos y conferencias que tratan el tema de cómo decir no. Pero ¿Qué pasa cuando decimos NO? Pues algunas cosas buenas y otras malas.

Entre las buenas se encuentran que ponemos límites, que nos respetamos a nosotros mismos y a nuestros derechos, que evitamos aquello que no deseamos…

Entre las malas, que decir que no a algo no garantiza que nos acerquemos a lo que deseamos y, sobre todo, que cuando decimos no nuestro cerebro estimula un tipo de neurotransmisores, especialmente noradrenalina y también cortisol, que provocan una respuesta de estrés que ya sabemos lo desgastante y perjudicial que puede ser para nuestro cuerpo. En estrés gastamos muchos más recursos de los necesarios (si el peligro al que el cerebro cree enfrentarse no es real, y para mi que la mayoría de las veces que decimos que no no estamos frente a un peligro que amenace nuestra supervivencia vital a corto plazo) y, sobre todo, nuestro cerebro se pone en alerta y empieza a darle mucho más importancia a lo negativo que a lo positivo. Es decir, empezamos a distorsionar la realidad haciéndola mucho más amenazante de lo que es en realidad, en otras palabras, nos colocamos unas grandes gafas de mosca.

¿Cuál es la solución para poder defender nuestros derechos evitando las consecuencias negativas? Pues… ¡cambiar el aprender a decir NO por decir SI!

Y es que como explica Roberto, cuando decimos SI a algo ya estamos diciendo que no a otras muchas cosas, todas las que son incompatibles con ese si. Por ejemplo, imagina que alguien te pide que te quedes esta tarde con sus hijos porque tiene algo que hacer y tú también tienes un plan que es importante para ti. Le puedes decir “no me puedo quedar con tus hijos hoy” (que en realidad es un “no quiero quedarme con tus hijos hoy” porque poder si puedes pero no quieres cambiar de planes) y defender por qué no puedes. O puedes decir “Uy, hoy tengo un plan increíblemente importante para mi que deseo respetar, otro día si me quedo con tus hijos encantado”. En esta segunda opción estás centrándote en lo que deseas y eso hace que tu cerebro se sienta relajado y tranquilo manteniendo la serotonina (que nos proporciona seguridad y satisfacción) en nuestro cuerpo.

Además, cuando te centras en lo que si quieres te pones mucho más fácil el conseguirlo que si te centras en evitar lo que no quieres. A veces le preguntas a alguien ¿Qué quieres? Y te responde con todo lo que no quiere, o como vemos en la foto del principio invierte tiempo en luchar contra lo que no quiere. Para el cerebro eso no significa ir a ningún sitio, imagina que paras un taxi y al entrar dices “No quiero ir a la calle central, ni tampoco a la calle del infierno o a la del mal rollo. No quiero ir a una discoteca ni a un centro comercial y, por supuesto, no me lleves a la plaza de la tensión” ¿Cómo se quedaría el taxista? Pues con los ojos muy abiertos y sin mover un dedo. Te diría algo así como… “Me parece muy bien que no quiera ir a todos esos sitios pero… ¿me puede decir donde quiere que le lleve?”. Pues nuestro cerebro es igual, cuando le decimos lo que no queremos hacemos que entre en tensión, ya sabemos además que todo aquello a lo que ponemos energía crece y ¿Dónde estamos poniendo nuestra energía y atención cuando decimos “no quiero…”? Pues eso, ¡precisamente en lo que queremos evitar!

Así que te invitamos a prestar atención a lo que SI deseas, a lo que quieres, a lo que te apetece y a lo que te apasiona. Llena tu vida de síes y deja que ellos completen tu espacio para que aquello que no deseas no tenga mucho sitio en tu vida.

Namasté



  1. Rocio Tirado Abalos Says: marzo 13, 2016 at 8:42 pm

    Me parece una propuesta bastante saludable para la mente, al tiempo que un entrenamiento de la atención plena de nuestra gestión emocional y la forma en la que nos relaciones con el mundo y con nosotros mismos simultáneamente. Será uno de mis nacimientos durante la cuarentena de la educación de las emociones.

    Gracias Antonio, una vez por tu creatividad y apertura hacia recordarnos quiénes somos realmente. Sin duda, otro paso más de vuelta a casa.

    Namaste.

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